Puede ser miedo, a un repentino cruce de cables.
A que las cosas cambien, a no dar más de lo que recibo.
Miedo, a precipitarme y no querer avanzar, a volver a fallar.
A tenerlo y no aprovecharlo, a no saber decidir, a no poder acertar.
Pero no sólo eso.
También hay ganas, de arriesgar,
de intentar avanzar, de hacer las cosas bien.
De apostar por quien merece la pena, por conseguir apartar a quien no hizo más que incordiar y hacer más difícil las cosas.
Por dejar a un lado los prejuicios, por reír, por soñar. Contigo.
Porque si el tiempo ha decidido dar un giro al pasado, digo yo que por casualidad no será.
No hay comentarios:
Publicar un comentario