sábado, 9 de febrero de 2013

Música y a vivir.

Ella, salía de su casa los lunes por la mañana, algo desaliñada, la ropa puesta de mala manera, el pelo sujeto en una coleta a medio hacer y una expresión de indiferencia.
Se enfrentaba al día a día como mejor podía, sin entender porqué debía hacer todas esas cosas que no la hacían feliz.
Dedicar más de 20 años de su vida a estudiar, libros por aquí, exámenes por allá... Vivir dificultades que marcan el destino, haber pasado por amores inoportunos y fugaces... Haber querido más de la cuenta a quienes luego se fueron sin dejar rastro. ¿Para qué?
A ella no la servía de nada todo eso si no podía mantener la sonrisa que siempre la caracterizó.
A veces, conseguía encontrar el sentido a todo aquello, pero no sabía cómo, simplemente, eran rachas felices. Pero con miedo, con miedo a volver a esos lunes grises con un sol resplandeciente en el cielo.
Cuando llegaban esos momentos, lograba plantarse frente al espejo, arreglar un poco su larga melena brillante y darse algo de color en las pestañas, todo ello unido a una amplia sonrisa y un enorme sentimiento de satisfacción interior. Sólo entonces conseguía seguir. Poder salir a pasar una tarde de risas, cervezas y amigos, que al fin y al cabo, era lo que la mantenía radiante todos y cada uno densos días de su vida.
Seguir con alegría y rebeldía en la sonrisa, era lo que la hacía vivir todavía.

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