Podría empezar definiéndole de muchas maneras.
Podría empezar diciendo lo muy tocanarices que es, lo mucho que le encanta tener siempre la razón, lo tantísimo que le gusta que además de tenerla los demás reconozcan que la tiene.
Podría seguir diciendo lo asquerosamente vacilón que puede llegar a ser a veces, esa ironía propia que le caracteriza al incordiar.
Podría pasarme la vida entera intentando sacar todos los defectos que pueden caracterizarle, pero tranquilo, Mario, que ya llega tu parte buena.
Defectos, que dentro de lo que cabe no son tan malos.
Al lado de su ironía siempre se encuentra ese toque de humor que hace que no puedas estar más de tres segundos cabreado con él.
Junto a todos sus vaciles se encuentran esos piques continuos que siempre pretende ganar, y muchas veces lo consigue.
Aunque le cueste, si no lleva la razón puede incluso acabar reconociéndolo, algo poco común en él, pero no imposible.
También hay que saber, que aunque parezca que no tiene nada en cuenta siempre se acuerda de todos y cada uno de los detalles.
Que puedes mantener una conversación de más de tres horas haciendo que pierda un mínimo de tres autobuses, provocando que llegue dos horas tarde.
Y sobre todo, cabe decir lo grandísima persona que puede llegar a ser, aún perdiendo algo de relación siempre confiaré en que estará ahí, al igual que yo lo estaré.
Con todo esto quiero, desearte el mejor cumpleaños de tu vida, desearte unos 18 a lo grande, y pedirte también, que no permitas que nada ni nadie te cambie.
Ya son 18, unos cuantos años desde que eras este conguito de las fotos. :)

No hay comentarios:
Publicar un comentario