Hay días que te pones a buscar entre apuntes de noches llenas de inspiración, y a veces encuentras cosas como estas, que te hacen pensar que escribir te llena, y te llenaba de vida:
Tiéndele trampas al tiempo para que se pare aquí.
Impídele que siga corriendo, cógele de los pies
Dile que nos deje, disfrutar, sólo un poco más de esto.
Que se va sin darnos cuenta y no,
no quiero perderle,
ni al tiempo, ni a tus besos.
Que es muy perro, que nos roba lo que más queremos, y tampoco tiene intención de devolverlo.
Y nos pone a prueba para que sepamos cuánto y qué tenemos que aprovechar,
porque mira, desde que dejó de correr para volar,
soy fan de quitarle las agujas al reloj,
y eso no es más que otra forma de autoengaño.
Y él sigue,
y yo en el fondo lo sé,
pero estoy mejor con la venda en los ojos,
y tu boca en mi piel.
Que aprender a dar abrazos con la mirada
es cuestión de saber mirar, pero sobre todo de saber sentir,
y gracias al cielo que yo te siento,
hasta cuando no te puedo ver.
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