lunes, 27 de octubre de 2014

TÚ. Y otras formas de autodestrucción.

Dicen que el que espera desespera y que al impaciente se le olvida la miel del presente, y realmente nunca me he visto tan identificada con estas palabras, ni así de atrapada entre dos extremos tan distintos.
Y maldigo a los dichosos extremos, yo, que siempre he sido muy de estar al borde de los abismos, hasta que me tiré, sin calcular, obviamente, el golpe que podía llegar a darme.
Y te lo das, una y otra vez como si de una pesadilla que se repite noche tras noche se tratase.


He vuelto a coger las líneas, a escribir palabras sinceras, a poner nombre a los sentimientos sobre el fondo blanco de la pantalla de mi ordenador.
He vuelto a hacerlo pero esta vez no por ganas de plasmar emociones a flor de piel en forma de amor, sino por el miedo a que no hacerlo me coma por dentro, en forma de dolor retenido en la piel.
Que el tiempo es la forma más subjetiva de percepción, que cuanto más rápido quieres que pase más lento se te hace, y qué ganas de querer fastidiar, pero qué rápido pasa cuando quieres que se detenga...

Mírame lento como lo hacías al principio, que ahora soy yo la que tiene miedo, la que da todo por perdido pero que no va a permitir que la palabra "definitivo" forme parte de nosotros.
La que mira un sueño desde lejos y no deja de tenerlo noche tras noche.
La que anhela tus besos, aunque eso hace semanas que lo hacía, pero ahora con la incertidumbre de si volveré a tenerlos.
La que no levanta cabeza si imagina una vida sin ellos.

Quiero, y sé que puedo, arreglar cada error cometido del pasado.
Que lo que no te mata te hace mas fuerte pero prefiero seguir muriendo antes que no volver a tenerte. Porque siempre tuve un lado masoquista en esto de los sentimientos, y tú has sido, y eres, la mejor forma de autodestrucción que existe,
y que una vez más, quiero que siga existiendo
y haciéndome existir.

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