jueves, 5 de diciembre de 2013

Traficantes de felicidad.

Puedes seguir perdiendo el tiempo, o elegir que el tiempo haga perderte. Perderte en mañanas moribundas de café y buenos días. Esos que te atrapan y te hacen coger el día con ganas, con vitalidad, como si una extraña droga se hubiese apoderado de tí sin saber ni cómo ni porqué.
Hay quien la llama felicidad, y no todo el mundo es capaz de traficarla.
Hay quién trafica con felicidad falsa, de garrafón. Pobres desgraciados, que fingen una vida llena de entusiasmo y materialismo, de caprichos y absurdeces inservibles. 
Los que la buscan sin encontrarla de calidad. Quizá mala suerte, o mala forma de aprovecharla creyendo en utopías insostenibles.
Y están mis preferidos. Los que la irradian por todas partes, los que la contagian y la van creando a cada instante. Esos si que saben vivir. Y hacer vivir.
Te atrapan en cada momento. Te enamoran. Te contagian y te llenan de esa pequeña droga aunque sólo sea por un simple instante. Sólo uno es suficiente para sonreír, y un día en el que has sonreído, aunque sólo sea una vez, ya no será un día perdido, será un día que merezca la pena recordar.
Y también, si quieres puedes dejarte llevar y traficar con ella, que por eso no te van a arrestar, ni será un vicio que te pueda matar. Que la felicidad no es mala, pero cuesta mantenerla y sobre todo, disfrutarla.


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