Menos mal que existe cordura entre tanto caos.
Los ¿y si? hace tiempo que dejaron de impulsar esas locuras repentinas, impulsos con mayúsculas.
Sí, de esto de que, con cuatro cervezas de más, te da por no parar de escribir, borrar, escribir, borrar y finalmente enviar, seguido de un instantáneo arrepentimiento descomunal.
Pero echo estaba, no había vuelta atrás.
Ahora la cosa cambia. Ahora hay cordura, una consciencia que te dice, ¡eh! tú, cuidado, que puedes hacerte daño. Entonces el escribir, borrar, escribir, borrar, pasa a ser un intento fallido de romper los esquemas. Y quizá sea precisamente por eso, por el miedo a producir un cambio de tal latitud que nos acojona lo impredecible.
Por ello ya no soy la que decide apostar por ese tipo de cambios, no necesito ser yo la que quiera cambiarlo, sino todo lo contrario, que si algo cambia, no esté en mis manos, porque el alma no esta echa para acumular intentos, y la mía empieza a estar algo saturada.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Cuando bailan las miradas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario