domingo, 2 de junio de 2013

Cuatro-cientos.

Esa sonrisa que se escapa cuando te veo llegar de lejos, arrogante y suplicante, pidiendo a gritos tu presencia en tres segundos.

Bailan mis pupilas dilatadas de amor cada vez que oigo tu voz hablándome a mí, sí, a mí, que pierdo el Norte cada vez que me enseñas a volar, sin apenas tocarme, sin ni siquiera buscarlo. Porque es pensarte y me desvío, y sueño mi vida contigo y no, que la cosa no está para jugar con el futuro porque sabes, las heridas no son lo nuestro y por ello puedo mirar atrás pero no hacia delante.
Me jugaría al cuello a que puedo seguir queriendote en mis sueños, y no tan sueños, durante cinco vidas más, porque las siete se las dejo a los gatos que saben arriesgar. A mi con la mía me basta para seguir arriesgando junto a tí, que sé que también te va eso de jugarte apostar si sabes que vas a ganar, y aquí ninguno pierde, de ello estoy mucho más que segura.
Con tu piel me sobran motivos para seguir con ganas de más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario