jueves, 5 de diciembre de 2013

Traficantes de felicidad.

Puedes seguir perdiendo el tiempo, o elegir que el tiempo haga perderte. Perderte en mañanas moribundas de café y buenos días. Esos que te atrapan y te hacen coger el día con ganas, con vitalidad, como si una extraña droga se hubiese apoderado de tí sin saber ni cómo ni porqué.