Es el simple roce piel a piel, ese que hace que se te paralice el corazón durante tres segundos y luego vuelva a la carga a mil pulsaciones por minuto.
Pero esa sensación no la provoca cualquiera, ni un simple desenfreno de una noche, ni un típico amor efímero de verano.
Sólo las excepciones saben causar esencia y dejar huella, y has sabido bien como hacerlo desde el principio.
Cambiar el "derecho a roce" por el roce con derecho fue la mejor elección entre todos los errores cometidos, pero a veces hace falta darte unas cuantas hostias, hablando mal y pronto, para ser realmente consciente de eso que siempre ha estado delante de tus narices.
Elegí quedarme con lo verdaderamente bueno, y es que donde estén las caricias por la espalda, que se quiten los besos borrachos de tanta lujuria y tan poco sentimiento.
Me he quedado con esas miradas que piden a gritos una cama donde arreglar los asuntos pendientes, con las risas ensordecedoras que callan todo lo que podrías decir con un simple beso, con discusiones que acaban con insultos llenos de inocencia y ternura, con noches que sueñan amaneceres conjuntos.
Creo en el hoy por encima de cualquier para siempre, y es que esto no va de dudas ni miedos, sino de ganas de tí.
lunes, 29 de abril de 2013
Cuentas pendientes.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario